Un ejemplo del poco civismo mexicano del que hablaba la semana pasada lo tuve en mi propia casa, dos días después y durante tres noches interminables, cuando el pueblo en donde está incrustada la privada fresa en donde vivo se puso a celebrar a su santa patrona.
¿Quién nos manda?, diría mi abuela.
Ni siquiera había cumbias, sino que tuvimos que tolerar interminables punchis-punchis a decibeles inhumanos hasta las 4 de la mañana, 28 cuetes, la calle cerrada, el consecuente caos vial, basura por...