¿Es solo una computadora?

En 1990 yo era estudiante de Letras Hispánicas en la UNAM, tenía 25 años y estaba trabajando un turno de medio tiempo como asistente de Teatro y Galería en la vieja librería Gandhi. Vivía con mi novio, teníamos muy poco dinero, rentábamos un departamento en la colonia Doctores.

Estaba en el quinto semestre de una carrera, como me dijo una vez mi primo Tomás, “de muertos de hambre”, pero no me importaba porque era inmensamente feliz, porque los libros eran mi pasión y la literatura me llenaba por completo. Si tenía que elegir, prefería una vida intelectual y emocionalmente plena a simplemente “tener dinero”.

Caminaba por uno de los pasillos de la Facultad cuando vi en la pared un aviso hecho a mano donde solicitaban “Jefa de redacción para una importante revista femenina”.

Lo desprendí, me lo llevé a casa, marqué. Jamás había trabajado en una editorial. La importante revista era Buenavida, la empresa era Publicaciones Continentales de México (hoy Editorial Televisa), la directora era Alma Rosa Alcalá.

Alma me entrevistó y me pidió que corrigiera un artículo ininteligible y que redactara una secundaria. “¿Qué es una secundaria?”, le pregunté a quienes después serían mis compañeros de trabajo.

Obtuve el empleo, y nunca estaré suficientemente agradecida con Alma por haberme permitido salir un par de horas más temprano de la oficina para que pudiera terminar la carrera.

La revista se hacía con una máquina de pantalla verde y teclas enormes, una Mergenthaler, en la que los diseñadores metían extrañísimos códigos, incomprensibles, para sacar una tira de tipografía lista para ser recortada con cuter y pegada a mano sobre papel cascarón. Sobre eso pegaban papel albanene y ahí anotaban el pantone de los colores que querían que se imprimieran. Era un trabajo para iniciados que yo contemplaba boquiabierta mientras seguía corrigiendo textos ininteligibles y redactaba consejos de belleza.

Hasta que un día llegaron las Mac.

Era una especie de caja rectangular, y un ícono de sí misma, con carita sonriente, te recibía cuando la prendías. Curiosamente, no logro recordar si antes de eso yo trabajaba con una computadora. Si así fue, la olvidé por completo. Para mí, mi primera imagen de una computadora es esa Mac.

La editorial dio de inmediato un curso de Quark Xpress, sólo para los diseñadores. “¿Por qué sólo para ellos?”, protesté. “¡Yo quiero aprender!”. Alma no le veía el caso, pero insistí hasta que logré convencerla.

A nadie más del área de redacción le interesó aprender, pero yo no estaba dispuesta a dejar pasar la oportunidad de que el misterio de cómo formar una publicación me fuera revelado. Adiós a las tiras de papel con tipografía que sólo otros podían sacar de las tripas de la maquinota verde. Todos podíamos diseñar un impreso con la magia de esa pequeña Mac y sus programas, transparentes y lógicos, y sus bellas tipografías.

Aunque, desde entonces hasta ahora, nunca diseñé nada ni me creí diseñadora, haber cruzado esa pared transparente que dividía el mundo de los diseñadores del mundo de los redactores representó para mí un salto profesional que me dio ventajas inmediatas y me abrió puertas. Es probable que sin eso me hubiera quedado, como le sucedió a varios, como eterna redactora.

Terminé la carrera, me convertí en editora y logré trabajos cada vez mejor pagados, mientras leía y escribía. Compré mi primera Mac y luego muchas otras más. Las vi volverse cada vez más veloces, cada vez más bonitas. Escribí en ellas tres libros…

Jamás toqué una PC hasta que, a los 36 años, entré a trabajar a Profeco como Directora General de Publicaciones.

Lo primero que hice fue pedir Macs para todos los diseñadores. Había que contratar un informático que les diera mantenimiento porque el personal interno no sabía nada de esas computadoras. Luego me dieron también el área de Radio y Televisión y me mudé del piso 14 a la Planta Baja, donde me esperaba una PC.

Viví muchas horas de ingrata frustración con ese artilugio donde todo era feo y complicado y había que saber que Alt más 64 era una arroba. Detesté las PC que antes sólo despreciaba en silencio y que ahora me sacaban canas verdes por su falta de lógica y de belleza. Y por los virus.

En los últimos tres años, después de un ascenso, dejé por completo de editar y de realizar labores creativas para despejarle el camino tortuoso de la burocracia a mi equipo de gente talentosa y creativa. Estaba fastidiada, cansada, harta… es cierto, porque 25 años después seguía prefiriendo una vida intelectual y emocionalmente plena a simplemente “tener dinero”, pero ya no tenía opción. Trabajaba diario en una oficina, como burócrata, y usaba una PC.

En los últimos cinco meses la vida me dio un par de buenos golpes: quedarme sin empleo y sin una relación de tres años con el hombre al que mi hijo y yo consideramos su padre.

Han sido tiempos muy difíciles desde entonces, en los que he visto cómo se evaporan mis ahorros y he tenido que ser madre de tiempo completo y ama de casa también, tragándome el orgullo de saber que puedo hacer cosas más valiosas con mi tiempo que lavar la ropa y trapear los pisos. Meses en los que me he sentido perdida y sola.

Y entonces, mientras estoy manejando rumbo a una clase de baile a la que ya no llego, me entero de que Jobs ha muerto. Digo “¡No!, ¡no!, ¡no!” y pego en el volante, y luego me pongo a llorar, como si hubiera muerto alguien de mi familia, indignada, sin poderlo creer aunque sabía que eso iba a pasar.

Cuando regreso a casa, mi hijo me pregunta: “¿Qué te sucede, mami?, ¿pasó algo?” Le respondo que se murió el señor que inventó mi computadora, en la que he estado editando los videos de su pequeña vida y guardado miles de fotos; mi teléfono, del que no me separo más que para bañarme y donde todo el día un pajarito me dice lo que ocurre en el mundo; mi juguete favorito en el que le pongo videos de Gorillaz y jugamos a matar cerditos; mi aparatito para comprar películas de Pixar y verlas en la tele o en mi juguete; mi aparatito para guardar la música… Míos, sólo míos, aunque millones más los tengan. “¿Y ya no van a existir esas cosas, mami?” “No lo sé”, le respondo, “no sé si seguirán inventando cosas así, mi amor”. “Lo siento, mami”.

Ya no le explico, porque sólo tiene 6 años, que las creaciones de Steve Jobs han representado cosas importantísimas para mí no sólo porque me han acompañado en mi carrera profesional, sino porque simbolizan lo que más amo en la vida, y que es tan escaso: la belleza, el orden, la claridad, la lógica, la inteligencia. No le digo que me durante 21 años Steve Jobs me ha hecho feliz y no ha dejado de sorprenderme. Que para alguien que creció en Ecatepec, aprendió mecanografía en la secundaria con una máquina mecánica y tuvo que usar una PC en su oficina de burócrata, Mac es simplemente el otro mundo posible, el de lo bueno y lo bello, el de la creatividad y la libertad.

Desde hace un par de meses decidí ya no buscar otro empleo en una oficina que terminaría odiando y me he puesto a editar el primer libro de mi nueva “empresa”, Printed Emotions, conformada sólo por mí.

Cuando mi hijo por fin se duerme, yo me siento frente a mi Mac para tratar de hacer un libro hermoso que pueda plasmar en sólo 86 páginas de texto y fotos la vida irrepetible de una mujer octogenaria, suegra de un emprendedor y creativo al que quiero mucho, para que esa mujer jamás sea olvidada. Me apasiona estar haciendo ese libro. Me asusta, también, porque mientras realizo esta apuesta se siguen evaporando mis ahorros.

A la una de la mañana vuelvo a ver el discurso de Jobs en Stanford. Desde la nube en la que ahora vive me alienta (sí, a mí, sólo a mí aunque millones más lo vean) a seguir editando. Y me digo: “Esto es lo que amo. Los puntos se conectarán en algún momento. Sigue adelante. No pierdas la fe”. Me digo que todo lo que necesito para levantarme de este traspié es mi cabeza y mi Mac. Que juntas, ella y yo, lo podemos inventar todo. Me digo que también el amor volverá a llegar a mi vida… Me digo: “Stay hungry, stay foolish”, y sigo tecleando.

4 Responses to “¿Es solo una computadora?”

  1. Armando says:

    Hermoso texto Mónica, y muy necesario. Tus fans esperamos que tu proyecto logre unir tus puntos futuros. Un abrazo fuerte.

  2. Monica, que rico es leerte.

  3. Mónica Vega says:

    Hola Mónica; me ha conmovido y fascinado tu texto; gracias por compartirlo; ojalá me admitas en tu FB y blog. Saludos. Con admiración y aprecio, Monivega.

  4. Carlos Alberto says:

    Mónica… fui hombre-fan de tu columna en Chilango, la compraba por ti… compramos tus libros y después, después te perdimos la pista… pero espero tú encuentres las pistas de lo que será tu futuro… ojalá sea publicando, eres talentosa, divertida, genial. Mis mejores deseos Braun…

Leave a Reply