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	<title>Mónica Braun</title>
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	<description>Chilanga y sexosa</description>
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		<title>Vampiros, monarcas, herederas y demás zánganos</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jul 2010 16:34:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Monica</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.flickr.com/photos/de3p/2239641419/"><img class="alignnone size-medium wp-image-241" title="vamp" src="http://monicabraun.net/wp-content/uploads/2010/07/vamp-300x192.jpg" alt="self-portrait - Vampire by De3p - photographer" width="300" height="192" /></a></p>
<p>Hablaba la semana pasada de cuando me encarné en vampira para un juego de rol insospechadamente concurrido. ¿Por qué los vampiros nos parecen interesantes? Supongo que porque poseen características que muchos seres humanos envidiamos. Por ejemplo, fuerza descomunal, poder de transportarse por los aires, poder de dominar la mente de los demás, y principalmente el poder que da el que los demás te tengan miedo y no puedan hacer nada contra ti. Además, los vampiros son unos zánganos perfectos que viven de la sangre ajena, sin trabajar ni pagar impuestos; tampoco tienen que levantarse temprano para ir a una oficina, ni tomar el metro, ni aguantar a ningún marido celoso o a una mujer menopáusica. Por si fuera poco, no le temen a la muerte porque ya están bien muertos y las enfermedades y la vejez les hacen lo que el viento a Juárez. ¿Qué más se puede pedir?</p>
<p>Pero no es nada de lo anterior lo que personalmente me resulta atractivo, no. A mí los vampiros me gustan porque son criaturas profundamente neuróticas.</p>
<p>Un buen vampiro sufre mucho y jamás está contento con su situación, pues la vive como una tragedia. Quiere precisamente eso que no puede tener: la fastidiosa compañía de otro ser humano, la posibilidad de la finitud que haga más interesante su vida sin retos… el que alguien, alguna vez, se les resista y los venza.</p>
<p>Fuera del mundo de la ficción, en las páginas del ¡Hola! encontramos abundantes ejemplos de otros zánganos igualmente entretenidos y para algunos verdaderamente fascinantes: los miembros de la realeza.</p>
<p>Como los vampiros, los miembros de las familias reales viven de los demás sin necesidad de distraerse en actividades tan vulgares como trabajar, son temidos por el pueblo llano y resultan al mismo tiempo irresistibles dada su supuesta superioridad. Pero aunque comparten con los vampiros y muchas esposas de banqueros esa zanganez que consiste en vivir de los demás y tan campantes, tienen la ventaja de no ser inmortales, con lo que  frecuentemente viven tragedias portentosas capaces de poner en vilo el alma de los vulgares plebeyos.</p>
<p>Y aunque los reyes de España deben ser personas progresistas y encantadoras; y aunque la reina Isabel debe ser una señora aburridísima pero inofensiva, me resulta increíble que gran parte de la humanidad crea que porque nacieron hijos de “nobles” merecen todos los privilegios que tienen, como si de verdad fueran superiores a los demás y tuvieran la sangre de otro color.</p>
<p>Una versión más actual de los vampiros es la inútil de Paris Hilton, esa güerita de rostro inexpresivo que no tiene gracia alguna, que jamás ha hecho nada interesante o provechoso, que no posee ningún talento conocido o por conocer y que, sin embargo, ocupa ríos de tinta y goza de una fama que ya quisieran todos los premios Nobel juntos para una tarde de domingo… sólo porque algún día  heredará una gran fortuna, un dinero imposible de gastar en varias vidas. ¿Qué hizo para merecerlo? Ser el producto de una eyaculación de papi Hilton.</p>
<p>Y ese sí es el colmo de la tontería colectiva: admirar a alguien porque tiene dinero, aunque no se lo haya ganado por ningún medio, ni decente ni indecente.</p>
<p>A las personas nos gusta creer que hay seres superiores, ya sea Dios y sus angelitos, el Demonio o la Santa Muerte, los vampiros y los extraterrestres, la monarquía, los protagonistas de la farándula o las herederas ramplonas.</p>
<p>La triste verdad es que todos somos bastante equis.</p>
<p><em>(Este texto se publicó en el difunto periódico </em>El Centro<em> en junio de 2007. Paris Hilton sigue sin desarrollar talento alguno. Mónica Braun sigue sin cobrar los últimos dos meses de columnas en Editorial Notmusa.)</em></p>
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		<title>Una segunda vida… igual de imperfecta que la primera</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Jun 2010 21:21:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Monica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Leí hace poco que en el mundo virtual de Second Life unos ociosos estaban molestando sexualmente a algunas jugadoras desprevenidas, y que éstas querían interponer demandas (reales) contra aquellos acosadores (virtuales), aunque desde luego no sabían en dónde y mucho menos a quién demandar. Así es: ya ni en el mundo de la fantasía feliz [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-medium wp-image-232" title="chicasl" src="http://monicabraun.net/wp-content/uploads/2010/06/chicasl-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></p>
<p>Leí hace poco que en el mundo virtual de Second Life unos ociosos estaban molestando sexualmente a algunas jugadoras desprevenidas, y que éstas querían interponer demandas (reales) contra aquellos acosadores (virtuales), aunque desde luego no sabían en dónde y mucho menos a quién demandar.</p>
<p>Así es: ya ni en el mundo de la fantasía feliz colectiva se puede estar en paz. Quizá porque en un mundo en donde todos son quienes en su fuero interno quisieran ser, la realización íntima de algunos consiste en joder a gusto y con impunidad a sus prójimos. Imagino así ese mundo al revés en donde un hombre que en la vida real está condenado a vivir en silla de ruedas es en su segunda vida un bailarín chippendale lleno de citas candentes, en donde una secretaria sojuzgada por su jefe tiránico es la tiránica dueña de un banco… Pero también en donde el chico tímido al que todas mangonean se convierte en un violador serial y sádico, y en donde la fea de la clase es la mujer más sexy y desdeñosa del ciberespacio.</p>
<p>Lo que Second Life pone de manifiesto es que pocas personas están felices con sus vidas y sus personas tal y como son.</p>
<p>Dicen quienes han entrado a esa segunda vida virtual que se trata de una experiencia fascinante. Ha de ser. Yo la verdad es que ni siquiera me he asomado por ahí, en primer lugar porque no tengo tiempo, pero también por falta de ganas y de curiosidad. Eso de tener un alter ego es algo que he hecho o visto hacer muchas veces antes…</p>
<p>Por ejemplo cuando escribía, con 10 tiernos añitos, obras dramáticas para ser interpretadas por mis amiguitos y protagonizadas por mi humilde persona, en las que todos terminaban muertos, y yo enloquecida, gritando y dando vueltas como Lady Macbeth vestida con una crinolina roja de mi mamá.</p>
<p>Escribir es exactamente eso: construirse una segunda vida hecha con puras palabras, un segundo mundo en el que uno puede ser otro o muchos otros, y hacer que todos hagan (más o menos) lo que a uno se le da la gana.</p>
<p>Pero no necesitamos ir tan lejos: cualquiera de las personas que se inscriben en Match.com y sitios similares hacen lo mismo: decir de sí mismas cosas que no son, mostrar una foto de hace diez años o, de plano, de otra persona, y entablar así, desde la mentira, relaciones virtuales con otros igualmente mentirosos.</p>
<p>Otra forma de hacerse una segunda vida son los juegos de rol, que es como cuando jugabas a la comidita en el kínder, pero entre grandulones. Alguna vez, para una crónica que escribí en <em>Viceversa</em>, me volví una vampira. Lilith era mi personaje, y debí ser de las más viejas de una pandilla de universitarios bien que se reunían mensualmente a jugar vestidos como para una película del Santo contra las Mujeres Vampiro.</p>
<p>Esa vez, al construir mi personaje, me inventé un poder de seducción que ni Lorena Velásquez. Bastaba una caída de ojos mía para que el más cruel de los vampiros enemigos fuera un corderito que me lamiera los pies.</p>
<p>Una experiencia increíble de la que todavía no me repongo.</p>
<p>Ahora ya no tengo tiempo para jugar a tener otras vidas, pues apenas si puedo vivir la que ya tengo, pero sí me pregunto, ¿quién quisiera ser yo en Second Life si accediera a esa experiencia?</p>
<p>No consigo contestar la pregunta. A lo largo de los años, he tenido prácticamente todo lo que de verdad he querido. A veces, para mi mal.</p>
<p>Uno siempre debe tener cuidado con lo que desea, porque puede volverse realidad.</p>
<p><strong>(Este texto se publicó en <em>El Centro</em> el 18 de mayo de 2007. Sigo sin haber entrado nunca a Second Life, pues cada vez tengo menos tiempo para esas cosas. Sigo deseando que me paguen en Editorial Notmusa el dinero que me quedaron a deber. Ese es el tipo de deseos que no se hacen realidad)</strong></p>
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		<title>Mi mamá me mima</title>
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		<pubDate>Tue, 11 May 2010 00:02:45 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.flickr.com/photos/nexus_6/72870266"><img class="alignnone size-medium wp-image-228" title="embarazada" src="http://monicabraun.net/wp-content/uploads/2010/05/embarazada-300x216.jpg" alt="" width="300" height="216" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Me hubiera gustado escribir sobre los encuerados del Zócalo o acerca de cuánto lamento la derrota de Ségolène Royal. Hablar, en fin, tratar temas candentes de actualidad… Pero no. Ayer fue 10 de mayo y en fecha tan señalada uno tiene que hablar de las madres, año tras año, desde que tengo memoria y de aquí hasta la eternidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Intentar darle la espalda a ese día venturoso es hacer como que uno jamás ha oído hablar de Jesucristo o que nunca ha visto un capítulo de Los Polivoces.</p>
<p style="text-align: justify;">Porque es éste el día glorioso en el que ricos y pobres, católicos y ateos, por muy patanes o patanas que sean, se despiertan por la mañana y recuerdan súbitamente que tienen madre y que hace dos semanas no le hablan y siete meses no salen con ella, y entonces corren a comprar flores y se apresuran a llegar con sus floreadas progenitoras a los restaurantes atiborrados, para cumplir.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque en realidad no sé qué me choca más: si el consumismo automático, calcadito y falso de este día, en particular, o la infinita cursilería que rodea la maternidad en general.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya dije que me choca el Día del Niño, y resulta lógico que también el de la madre, y eso a pesar de que en mi casa tengo un niño y en casa de mi madre, una madre, y a pesar de lo mucho que los amo a ambos, o tal vez por eso mismo. Mi rechazo nada tiene que ver con mis afectos personales: se trata de una repugnancia ideológica.</p>
<p style="text-align: justify;">Me repugna hasta la náusea que las tiendas quieran que ese día les regalemos a nuestras madrecitas abnegadas artefactos domésticos que hagan énfasis en los papeles de amas de casa que algunas de ellas (con gusto o fastidio, da igual) desempeñan.</p>
<p style="text-align: justify;">Las madres no somos sinónimo de burros y planchas, tubos y delantales, abnegación y sacrificio, bondad ilimitada y sexualidad ramplona.</p>
<p style="text-align: justify;">Las madres somos mujeres como las otras, nos gustan las mismas cosas tontas o interesantes (los perfumes, la ropa, los libros, las computadoras, las motocicletas…). Y no somos mejores ni peores que las que no son madres todavía o nunca lo fueron o nunca lo serán: parir es un proceso natural que en sí mismo no engrandece a nadie, y amar a un hijo es la cosa más natural del mundo.</p>
<p style="text-align: justify;">Se me ocurre que son esos verdaderos jijos de su madre, que nadie entiende cómo pueden ser amados por nadie (todos conocemos más de un ejemplo), quienes encuentran verdaderamente milagroso, loable, digno de alabanza y canto, que sus respectivas progenitoras tengan tanta nobleza de alma como para amarlos a pesar de todo (de sus crímenes, de sus tranzas, de su abandono, de su estulticia).</p>
<p style="text-align: justify;">Desengáñense: para eso nos programó la Madre Naturaleza. Ninguna de nosotras tiene verdaderamente opción.</p>
<p style="text-align: justify;">En fin. Supongo que en el fondo lo que sucede es que me revienta la doble moral mexicana: en este país, como en otros que veneran a sus santas madres, no existe en realidad respeto por las mujeres. Lo atestiguan las violaciones de todos los días, los crímenes de Ciudad Juárez, los golpes que sufren muchas, la poca presencia pública, en fin, no acabaríamos.</p>
<p style="text-align: justify;">Y encima de todas estas vejaciones, te regalan una plancha.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Qué poca madre!<br />
<strong><br />
(Este texto se publicó el 11 de mayo de 2007 en <em>El Centro</em>. Mi hijo todavía no me cantaba en el 10 de mayo ni se me salían mis lagrimitas cuando lo hacía&#8230;)</strong></p>
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		<title>¿Qué tienen en común los machos y las feministas?</title>
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		<pubDate>Wed, 05 May 2010 03:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Monica</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.flickr.com/photos/lnbv_2611/2642359074"><img class="alignnone size-medium wp-image-225" title="Miss Mexico" src="http://monicabraun.net/wp-content/uploads/2010/05/Miss-Mexico-204x300.jpg" alt="" width="204" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando (con cierta frecuencia) alguien me pregunta si soy feminista contesto que sí, si serlo consiste en creer en la igualdad entre hombres y mujeres y en la necesidad de que ésta se reconozca.</p>
<p style="text-align: justify;">También creo que lo soy porque me indignan las actitudes discriminatorias en contra de nosotras, el que nos consideren más débiles (con el trato sobreprotector o abusivo que esto conlleva), y todas las injusticias que las mujeres, por el hecho de serlo, sufren en mayor o menor medida prácticamente en todo el mundo.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, acabo de leer que un grupo de feministas hizo un pequeño performance para protestar por el concurso de Miss Universo, y la verdad es que me da pena ajena.</p>
<p style="text-align: justify;">Las feministas de verdad, esas que tienen asociaciones y toda la cosa, consideran que los concursos de belleza son degradantes porque “cosifican” a las mujeres, y que pasear en bikini por la pasarela es una humillación que no debiera permitírsele a nadie.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo no estoy de acuerdo, y entonces supongo que no soy feminista.</p>
<p style="text-align: justify;">Leí en cimacnoticias.com que Pilar Muriedas pidió a las concursantes que se unieran a su clamor “de exigir el respeto a decidir libremente sobre nuestra salud, bienestar y proyectos de vida”, y que luego de saludar especialmente a la sueca que decidió no participar en el concurso, agregó: “Nosotras también estamos en contra de ponerle precio a los cuerpos de las mujeres y que se las mida en kilos y centímetros”.</p>
<p style="text-align: justify;">La verdad, a mí me parece ridículo jalarse así las vestiduras por tan poco, y me resulta chocantemente moralino armar tanto escándalo.</p>
<p style="text-align: justify;">Las chavas esas son guapísimas y desfilan casi en pelotas frente a todo el mundo, ¿y qué? Ellas eligieron participar en el concurso, y sin duda lo disfrutaron y padecieron intensamente porque se les dio la gana. Y yo pregunto, ¿qué no se trataba de “exigir el respeto a decidir libremente nuestros proyectos de vida”?</p>
<p style="text-align: justify;">Toda mujer tiene derecho a ser superficial y vanidosa si eso quiere, o una ratona de biblioteca, o una depredadora sexual, o una amita de casa que cocine galletas, mientras no cometa un delito ni jorobe al vecino, ¿qué les quita a las señoras feministas el famoso concurso?</p>
<p style="text-align: justify;">En el fondo, ese feminismo supone que una mujer es imbécil por el hecho de estar súper buena, que es lo que piensan los típicos machos. Y si ellos dicen “¡Pinches viejas, deberían estar en su casa cocinando?”, las feministas no se alejan mucho con un “¡Pinches viejas, deberían estar luchando por la salud reproductiva de la mujer!”.</p>
<p style="text-align: justify;">La misma intolerancia, la misma actitud de superioridad de quien cree que tiene derecho a decirle a otro, más débil o más tonto, lo que debe hacer con su vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo no sé si las Miss Universo sean o no oligofrénicas con tetas, o al menos tontitas y vacías, lo que me queda claro es que no están en un premio a la inteligencia, ¡ni tienen por qué estarlo! Para eso están los Nobel, o ya de perdida “El rival más débil”.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo, de chiquita, con mis amigas, jugaba a ser Miss Universo, y era súper emocionante ponerse la corona y desfilar ante la admiración del mundo (conformado, claro, por mi colección de muñecas y soldaditos).</p>
<p style="text-align: justify;">Yo, de grandecita, no me metí a modelo ni a miss nada porque no fui suficientemente alta, delgada y bella, pero si lo hubiera hecho habría estado en mi derecho de mujer y no por eso hubiera yo sido estúpida.</p>
<p style="text-align: justify;">Algunas feministas me recuerdan a la abuelita que se pone a gritar: “¡Niña, tápate, estás toda despechugada!”</p>
<p style="text-align: justify;">Qué gueva.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>(Este texto se publicó en junio de 2007 en mi columna de <em>El Centro</em>. En efecto, Editorial Notmusa todavía no me paga lo que me debe.)</strong></p>
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		<title>¡Si la sangre es bien bonita y brilla bajo el sol!</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Apr 2010 00:14:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Monica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[De entre toda la gente del mundo, ignoro cuál de mis enemigos me envió un link a una página de la Plaza México dedicada ni más ni menos que a hacer una apología de ese espectáculo moralmente repugnante que son las corridas de toros, a las que desde luego no he asistido y jamás asistiré [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.flickr.com/photos/robertopecino/2965854210/"><img class="alignnone size-medium wp-image-222" title="toro" src="http://monicabraun.net/wp-content/uploads/2010/04/toro-300x220.jpg" alt="" width="300" height="220" /></a></p>
<p>De entre toda la gente del mundo, ignoro cuál de mis enemigos me envió un link a una página de la Plaza México dedicada ni más ni menos que a hacer una apología de ese espectáculo moralmente repugnante que son las corridas de toros, a las que desde luego no he asistido y jamás asistiré por las mismas razones por las que no vería una violación tumultuaria aunque tuviera palco en primera fila.</p>
<p>El texto no pude ser más absurdo: se dedican infinidad de adjetivos, a cual más elogioso, a describir las virtudes de este animal: por ejemplo, que es bravo, noble, fiel, poderoso, arrogante, armónico, bello, misterioso. En fin, una verdadera maravilla de la naturaleza. Tan maravilloso es que tiene el grande honor de morir en un ruedo, como un héroe.</p>
<p>Oportunidad increíble que, de poder hablar, el animal seguramente agradecería.</p>
<p>El texto en cuestión (firmado por Joaquín López del Ramo) aclara que la muerte del toro (“el epílogo violento que cierra su vida”, según sus propias, floridas palabras) “posiblemente no tenga sentido para algunos, los que dicen amar a los animales”.</p>
<p>Y es así como el aburdo continúa: los verdaderos amantes de los animales son los que los matan.</p>
<p>Lógica digna del mismísimo Aristóteles, cómo no.</p>
<p>Eso es lo que suelen argumentar los defensores de la “fiesta brava”: que los toros no son víctimas de ninguna carnicería, ya que pueden defenderse. Igualito que los gladiadores romanos, que podían defenderse todo lo que quisieran de los leones, para regocijo del público finísimo que asistía al espectáculo.</p>
<p>Pues sí, hay gente, muchísima, que considera muy entretenido y arrebatadoramente bello el espectáculo de un tipo vestido con pantalones de señorita que se dedica a clavarle lanzas y espadas a un animal vivo en medio de pasitos de ballet. Es precioso para ellos cuando brota la sangre y cuando el animal se cae, y de lo más emocionante que el torero resulte herido, momentos dramáticos como pocos y que fuera del ruedo ameritarían cualquier titular en la nota roja del periódico más barato, pero que aquí son, según ellos, como piezas de arte.</p>
<p>Así pues, si uno agarra a un ser en desventaja, que no puede opinar y que no puede negarse a ser matado, lo mete en un escenario y pone a unos tipos vestidos con modelitos deslumbrantes y zapatitos coquetos a que lo torturen y lo maten entre pasitos de baile, y declara que eso es muy bonito y además muy antiguo, y por lo tanto tradicional y respetable, ya armó un noble espectáculo.</p>
<p>Y así podemos matar niños menores de tres años, personas con síndrome de Down, ancianas indígenas que no hablen español, mujeres de Ciudad Juárez… en fin, lo que se nos ocurra: el chiste es dignificar la matazón con toda una parafernaria estética (que para algo sirva la belleza, ¡carajo!), inventar un glosario para iniciados lleno de metáforas y frases crípticas, cobrar la entrada al show y aplaudir muchísimo.</p>
<p>¡Si la sangre es bien bonita y brilla bajo el sol!</p>
<p>Claro, el toro, a diferencia de los seres anteriores, tiene “la oportunidad de perecer matando”.</p>
<p>Hombre, qué considerados, de verdad. Me conmueven hasta las lágrimas con su nobleza.</p>
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		<title>Uniformadita te ves más bonita, m’ija</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Mar 2010 21:55:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Monica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Uniformadita te ves más bonita, m’ija”, dice el spot del Gobierno del DF que anuncia la entrega de dos uniformes gratuitos al año a los estudiantes chilangos. ¿Más bonita? Pues quien sabe, porque eso no sólo depende del uniforme y quien lo haya diseñado, sino de la hija y quienes la hayan engendrado, digo yo. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://monicabraun.net/wp-content/uploads/2010/03/ninos_superman.jpg" rel="lightbox[214]" title="ninos_superman"><img class="alignnone size-medium wp-image-219" title="ninos_superman" src="http://monicabraun.net/wp-content/uploads/2010/03/ninos_superman-300x201.jpg" alt="" width="300" height="201" /></a></p>
<p>“Uniformadita te ves más bonita, m’ija”, dice el spot del Gobierno del DF que anuncia la entrega de dos uniformes gratuitos al año a los estudiantes chilangos. ¿Más bonita? Pues quien sabe, porque eso no sólo depende del uniforme y quien lo haya diseñado, sino de la hija y quienes la hayan engendrado, digo yo.</p>
<p>Es muy feo lo feo, y yo uniformes bonitos no he visto muy a menudo, por no decir nunca. El mío de la primaria, por ejemplo, era por lo menos bastante cursi: una versión infantil del típico delantal de señora, con tela a cuadros blanca con azul, moñito en la cintura y, para colmo, debidamente almidonado por mi abuela.</p>
<p>Yo bonita sí era, eso se da por sentado.</p>
<p>En fin, que me molesta de los uniformes en general, y de los escolares en particular, que sean feos, tristes, aburridos… Aparte está el reparo —quizá hipioso y trasnochado— de que los uniformes son como una pequeña cárcel donde los pequeños niños son encerrados todos los días, para opresión de sus diminutas almas individuales.</p>
<p>Pero si bien pudiera ser cierto que la uniformidad ahoga la expresión de la individualidad, también es verdad que el uniforme alivia los bolsillos paternales, que viven todavía más oprimidos. Aunque hay uniformes tan caros que quién sabe.</p>
<p>Por otro lado están las escuelas que no sólo no creen en la uniformidad, sino que consideran pedagógicamente maravilloso dejar a los niños en libertad de vestirse como se les dé la gana. Las más progresistas y liberales incluso los alientan a ser “ellos mismos” y entonces celebran con gusto que asistan a clases en pijama si se les antoja, o vestidos de oso panda o de princesa.</p>
<p>Puestos a escoger me quedo con los uniformes, que al menos son más realistas, porque en la vida real no vamos con pijama a la oficina, ni vestidos de odaliscas o de Supermanes. Uno para la oficina se uniforma también, cómo no, y se viste conforme al digno cargo que en un momento determinado esté ocupando.</p>
<p>En realidad todos llevamos siempre un uniforme. Un hombre en sus treintas, de coco rapado, barba de dos días, camisa de manga corta con estampados y tenis negros, anda uniformado de alternativo. Una mujer en sus cuarentas de pelo lacio detrás de las orejas, blusa pegadita negra de manga corta, pantalones rectos del mismo color y botines de tacón mediano, está uniformada de mamá nice. Y así.</p>
<p>Las prostitutas se disfrazan de prostitutas; los ejecutivos, de ejecutivos; las directoras de primarias, de directoras de primarias. Esto nos permite identificarnos los unos a los otros y evitar equívocos. Confundir a la directora de la escuela con la prosti de la esquina plantearía serios inconvenientes para nuestros hijos, por ejemplo. ¡Y ni qué decir de la directora!</p>
<p>Hace poco, creo que en España, se hizo el ejercicio de pedir diseños de uniformes a varios artistas del patrón y la cinta métrica. El resultado fueron creaciones como de ciencia ficción, con rodilleras y coderas para que esos pequeños salvajes no se golpeen tan duro a la hora del recreo, un montón de bolsitas para guardar cochinadas, canicas y golosinas, colores llamativos y telas comodísimas.</p>
<p>Vista la conducta de los niños de primaria y secundaria, ¡sobre todo en España!, yo nada más hubiera agregado un casco a prueba de golpes por si les pegan, guantes de box por si tienen que pegarle a alguien y patines para salir corriendo cuando lleguen las maestras.</p>
<p>¡Qué tierna es la infancia!</p>
<p><strong>(Esta columna se publicó en </strong><em><strong>El Centro</strong></em><strong> en abril del 2007, ¡y siguen sin pagarme lo que me deben!)</strong></p>
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		<title>Esos curiosos animalitos de la granja</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Feb 2010 05:59:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Monica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Contra mis costumbres, ajenas a la celebración de fechas artificiosas y cursis, este Día del Niño fui con mi hijo y mis sobrinas a la Granja las Américas, que es de esos lugares que me gustan porque reúnen animales y niños pequeños, dos clases de seres que me fascinan por igual, sobre todo cuando están [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.flickr.com/photos/gwen/286354657/"><img class="alignnone size-medium wp-image-211" title="animalitosgranja" src="http://monicabraun.net/wp-content/uploads/2010/02/animalitosgranja-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Contra mis costumbres, ajenas a la celebración de fechas artificiosas y cursis, este Día del Niño fui con mi hijo y mis sobrinas a la Granja las Américas, que es de esos lugares que me gustan porque reúnen animales y niños pequeños, dos clases de seres que me fascinan por igual, sobre todo cuando están a una prudente distancia, metidos en sus corrales.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi criatura se podría haber enterado de cómo se produce la leche o aprender sobre la siembra de hortalizas, pero como no está en edad de esas cosas prefirió subirse como 27 veces en la resbaladilla de la casita del árbol, estuvo correteando a los patos y se sentó a comerse un bote gigante de palomitas.</p>
<p style="text-align: justify;">Y yo, asistida por el resto de los adultos de la familia, me pude sentar a contemplar a la menuda concurrencia, adorable, impredecible, insoportable. Miraba a los animales, a los niños y a los adultos, y pensaba que los tres grupos pertenecíamos a universos distintos, a especies diferentes, incomprensibles las unas para las otras.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo por lo menos no entiendo (o no acabo de aceptar) que los niños de dos años hagan berrinches al menos 4 veces por hora. Berrinches porque no pueden obtener lo que quieren, porque se les quita lo que tienen, porque no pueden seguir haciendo lo que estaban haciendo, porque otro les quita el objeto con el que están jugando.</p>
<p style="text-align: justify;">Por lo menos los niños de ahora, porque yo no hice berrinches ni a la edad de mi hijo ni más grande.</p>
<p style="text-align: justify;">Los hago ahora.</p>
<p style="text-align: justify;">Recuerdo, por ejemplo, cuando siendo yo niña mi padre nos hizo a mi mamá y a mí acompañarlo a dar una clase particular de ajedrez a un niño rubio que apenas me miró, y que tenía un rostro de aburrimiento insuperable.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo debía haber tenido por entonces unos seis años, y la dueña de la casa, una mujer joven de lacios cabellos rubios, educadísima y cordial, como le enseñaron a ser, nos mostró su casa para que no nos abrumara la espera.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo iba detrás, de la mano de mi madre, mirando las muchas habitaciones de ese enorme espacio donde vivían los tres, la sala de piano, la sala del bar, la biblioteca donde probablemente nadie se sentaba a leer, el cuarto de juegos del niño. Y luego nos dieron galletas y a mi madre un café y a mí un vaso de leche.</p>
<p style="text-align: justify;">Una hora después, rumbo a mi literalmente humilde casa, quise que me comparan un pastel y mis padres se voltearon a ver con angustia, y yo adiviné que no tenían dinero para gastarlo en esos lujos. Y entonces mi madre, para distraerme, dijo Qué bonita casa, qué bonito debe ser vivir así. Y yo entonces, en vez de hacer el berrinche de rigor, me puse a llorar y entre el llanto mis padres me oyeron decir, con perplejidad evidente, ¡Yo no quiero ser una niña pobre! Y lo dije con la angustia de quien exclama ¡No quiero morir! cuando el médico le anuncia que le quedan dos meses de vida.</p>
<p style="text-align: justify;">De modo que, cuando rumbo a casa tuvimos que parar en un Sanborns y mi hijo me pidió un pastel, señalándolo con el dedito y a punto de soltar el berrinche, yo me apresuré a comprárselo, impulsada por el peso de mis propias frustraciones infantiles.</p>
<p style="text-align: justify;">A nuestro lado una señora gritaba porque no había pastel de chocolate, algo que según ella resultaba absolutamente inadmisible.</p>
<p style="text-align: justify;">Resulta fascinante ver cómo, al crecer, seguimos siendo idénticos a esos pequeños tiranos, sólo que nuestros berrinches resultan menos simpáticos que los de ellos, y más peligrosos.</p>
<p style="text-align: justify;">A fin de cuentas, no somos especies tan distintas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>(Este texto fue publicado el 1 de mayo de 2007 en mi columna de El Centro. El niño sigue haciendo berrinche, yo sigo haciendo berrinche porque Notmusa no quiere pagarme)</strong></p>
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		<title>Los horóscopos de Madame Turbante</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 20:32:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Monica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las personas interesantes solemos tener en nuestro pasado algo oscuro y desconocido para los demás, un secreto terrible que esperamos llevarnos a la tumba. Durante mis veinte largos años de carrera editorial me he relacionado con revistas dedicadas a todo tipo de temas (desde el turismo hasta la moda) y con públicos muy diversos (desde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.flickr.com/photos/wildmuse/3343825254"><img class="alignnone size-medium wp-image-208" title="Tauro" src="http://monicabraun.net/wp-content/uploads/2010/01/Tauro1-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Las personas interesantes solemos tener en nuestro pasado algo oscuro y desconocido para los demás, un secreto terrible que esperamos llevarnos a la tumba.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante mis veinte largos años de carrera editorial me he relacionado con revistas dedicadas a todo tipo de temas (desde el turismo hasta la moda) y con públicos muy diversos (desde amitas de casa hasta intelectuales). Por lo mismo, he tenido que escribir sobre los asuntos más variados y, a veces, desconocidos para mí. Desde tópicos que ignoraba por completo y además me importaban un bledo, como el cuidado de los niños o cómo cocinar un espagueti al pesto, hasta otros de los que tampoco sabía gran cosa pero al menos me parecían más interesantes (cómo funcionan nuestras hormonas o las últimas tendencias en moda primavera-verano en las pasarelas de Nueva York).</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy tengo que confesar que entre tanta promiscuidad editorial y reporteril no podía faltar en mi currículum la redacción mensual de… ¡horóscopos!</p>
<p style="text-align: justify;">Hecha esta declaración, me pregunto qué me da más pena: si haber dedicado pluma tan distinguida a temas tan poco edificantes o la cara de la bola de ingenuos que creyeron que detrás de esas sabias palabras estaba Madame Turbante escrutando las estrellas.</p>
<p style="text-align: justify;">La astrología (¿falta decirlo?) me parece uno de los ejercicios más tontos del planeta. Me cuesta mucho trabajo concebir que adultos de verdad racionales puedan creer que las estrellas “hablan” y que los destinos de las millones de personas que comparten un signo zoodiacal son idénticos; no entiendo que alguien en sus cabales piense que todos los Géminis deben desconfiar durante julio de una persona del sexo opuesto que quiere perjudicarlas laboralmente; no concibo que haya gente tan necia como para suponer que los astros pueden influir de algún modo en nuestras humildes personas.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Acaso nadie se pregunta en qué consiste esa influencia y cómo opera? ¿Qué significa eso de que tu “planeta regente” está en conjunción con Marte? No, al parecer nadie que crea esas cosas se plantea esas preguntas y nadie tiene una respuesta. Los astrólogos tampoco.</p>
<p style="text-align: justify;">Y yo menos.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada redactor de horóscopos ha de tener su método, supongo. El mío, inventado así nomás al grito de “a ver cómo sale”, consistió en preguntarle su signo a todos mis compañeros de oficina y luego escoger una persona para cada signo. Acto seguido me dedicaba a observarlos y finalmente escribía cada horóscopo inspirada completamente en las situaciones, el carácter y las angustias que cada uno de mis compañeros estuviera viviendo.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo más increíble era ver cómo, a sabiendas de que esos horóscopos yo los inventaba, muchos pelaban los ojos de asombro al leerlos y luego se me quedaban viendo como si yo fuera la reencarnación de Nostradamus.</p>
<p style="text-align: justify;">En estos asuntos de los astrólogos, adivinos y videntes, no hay peor ciego que el que no quiere ver.</p>
<p style="text-align: justify;">A mí me choca comprobar una y otra vez la humana sinrazón, y la gente que cree en los horóscopos (no quienes los escriben, que qué culpa tienen) no deja de irritarme un poco también.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero que nadie me culpe: los Tauro, ya se sabe, no creemos en esas cosas.</p>
<p><strong>(Otra columna publicada en El Centro en abril de 2004. Por cierto, siguen sin pagarme)</strong></p>
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		<title>Los abogados católicos y el sentido de la vida</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Dec 2009 02:05:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Monica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En una de las escenas más geniales de una de mis películas favoritas, El sentido de la vida, del grupo inglés Monty Python, una mujer lava a mano toneladas de ropa cuando vemos a una cigüeña dajar caer un bultito por la chimenea de su casa. Instantes después, un recién nacido se cae de entre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://monicabraun.net/wp-content/uploads/2009/12/huevos.jpg" rel="lightbox[202]" title="huevos"><img class="alignnone size-full wp-image-201" title="huevos" src="http://monicabraun.net/wp-content/uploads/2009/12/huevos.jpg" alt="huevos" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">En una de las escenas más geniales de una de mis películas favoritas, <em>El sentido de la vida</em>, del grupo inglés Monty Python, una mujer lava a mano toneladas de ropa cuando vemos a una cigüeña dajar caer un bultito por la chimenea de su casa.</p>
<p style="text-align: justify;">Instantes después, un recién nacido se cae de entre las piernas de la mujer (que para más hilaridad es un actor vestido de señora). Exhausta, a punto del desmayo, con el delantal empapado y la greña de quien no se ha pasado el cepillo en cuatro días, ella le pide al niño que tiene al lado: “Recoje eso, querido”, y sigue lavando.</p>
<p style="text-align: justify;">Al poco rato, su marido llega a su casa luego de un arduo día de trabajo para anunciarle a ella y a sus 63 hijos que ya no le alcanza el dinero para darles de comer, por lo que no le quedará más remedio que venderlos a un laboratorio para hacer experimentos científicos.</p>
<p style="text-align: justify;">Los niños protestan. El padre les explica pacientemente que él y su mujer son católicos, y que por lo tanto deben tener todos los hijos que Dios les mande. Los niños cantan a coro una dulce canción que dice que cada esperma es sagrado, y así, cantando y con las manitas juntas en actitud de oración, se van en fila como mansos corderos al laboratorio donde serán sacrificados.</p>
<p style="text-align: justify;">Recuerdo estas escenas mientras por mi ventana veo un espectacular que reza “Un bebé no sabe de leyes, pero tiene derecho a vivir”. No pienso perder el tiempo queriendo hacer entrar en razón a personas poco razonables, por lo tanto, me limito aquí a proponer otro slogan, con información que por lo visto ese tipo de personas ignoran: “Un bebé tiene derecho a vivir, pero un embrión NO es un bebé”.</p>
<p style="text-align: justify;">A diferencia de los abogados católicos, yo sí sé qué es estar embarazada, y desde los 15 días de mi embarazo tuve ultrasonidos mensuales, así que vi a ese especie de marcianito en su cápsula espacial, inmóvil excepto por el diminuto corazón acelerado, y seguí paso a paso su transformación hasta que por ahí de sus cinco meses, y luego de que me propinara un patadón fenomenal, caí en cuenta de que ahora sí lo que había en mi vientre era un bebé. Además de eso devoré libros enteros de embriología y vi todas las fotos imaginables, desde la fecundación del óvulo por el espermatozoide, hasta el parto.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cuándo un feto es un bebé? Es un proceso ininterrumpido, de dudosa frontera. ¿El óvulo recién fecundado es un bebé? No. Es un óvulo recién fecundado que con suerte terminará convertido en un bebé sano. ¿El huevo a los cuatro días de haber sido fecundado es un bebé? No. Es un remillete de células que se apiñan como una especie de racimo de uvas. ¿El embrión de doce semanas es un bebé? No, todavía no lo es.</p>
<p style="text-align: justify;">Tampoco el polen es la flor, ni la semilla tampoco.</p>
<p style="text-align: justify;">Los bebés lloran, se chupan el dedo y hacen caca. Los bebés son seres humanos, igual que las mujeres que los traen al mundo, y ambos tenemos derechos; los embriones, los gametos y los óvulos fecundados todavía no.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta es mi humilde opinión. Desde mi maternidad feliz, respeto profundamente a aquellas mujeres que no quieren, por el motivo que sea, ser madres, y apoyo decididamente su derecho a interrumpir su embarazo. También respeto el derecho de las esposas de los abogados católicos a tener todos los hijos que Dios les mande o que sus maridos quieran. Allá ellos. Nadie pretende obligar a nadie a abortar si no lo desea. Yo estoy por la tolerancia que ellos no tienen, ¡hasta mandaría poner un espectacular que dijera: “Un abogado no sabe de bebés, pero tiene derecho a vivir”!</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>(Sexta entrega de mi difunta columna el <em>El Centro.</em> Se publicó originalmente el 10 de abril de 2007, pero hoy, por los tristes motivos que todos conocemos, sigue vigente.)</strong></p>
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		<title>Y cuando desperté, la poesía todavía estaba ahí</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Dec 2009 23:23:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Monica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace muchos años fui poeta, y en esos tiempos la poesía era para mí lo que le daba sentido a la existencia. Ser poeta significaba no sólo escribir poemas, sino leer mucho, publicar poemas en suplementos culturales, ir a lecturas. En ese momento de mi vida conocía a todos los poetas mexicanos, iba a las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-199" title="tsegovia" src="http://monicabraun.net/wp-content/uploads/2009/12/tsegovia.jpg" alt="tsegovia" /></p>
<p>Hace muchos años fui poeta, y en esos tiempos la poesía era para mí lo que le daba sentido a la existencia. Ser poeta significaba no sólo escribir poemas, sino leer mucho, publicar poemas en suplementos culturales, ir a lecturas. En ese momento de mi vida conocía a todos los poetas mexicanos, iba a las presentaciones de libros de poesía, leía mis textos en público…</p>
<p>Poco a poco me fui alejando de ese mundo. No sólo de mis amigos poetas (conservo sólo a unos cuantos), sino de los poemas mismos. No sólo de los míos, que abandoné silenciosamente: también de los poemas ajenos.</p>
<p>¿Fue una claudicación? Un poco hay de eso, y mucho del hartazgo de la feria de vanidades que envuelve a un gremio que uno pensaría que está conformado por sensibilidades superiores, pero que no es sino el de personas normales, con las mezquindades y envidias propias de los seres humanos de cualquier profesión.</p>
<p>Hace años, pues, que dejé también de ir a lecturas de poesía.</p>
<p>Hace mucho también que trabajo en una oficina de gobierno y que no escribo más que oficios, columnas para <em>Chilango</em> y alguna que otra base para licitación pública junto con miles de correos electrónicos y frases crípticas en Twitter. Nunca un poema.</p>
<p>Pero hace poco que estaba en la oficina me asomé a mi correo personal y me llegó una invitación a una lectura. Suelo borrarlas todas sin apenas leerlas, pero ésta era para una lectura de Tomás Segovia.</p>
<p>Tomás Segovia es sin duda mi poeta favorito. Mi inconclusa tesis de maestría es sobre un libro suyo. Mi único libro de poesía tiene un epígrafe de él (“Entre las sombras somos una mirada en blanco/ Para ver la ceguera que nos borra”), y tengo prácticamente todos sus libros. Lo había visto en alguna conferencia de la Facultad de Filosofía y Letras, lo había escuchado hablar sobre la traducción, de la cual es un maestro, me había incluso escrito con él por correo electrónico, pero no lo había escuchado nunca leer sus propios poemas.</p>
<p>Así que fui.</p>
<p>Ahí estaban, como antes, la luz de la madrugada, la celebración de la vida, la aceptación del paso del tiempo, que es la aceptación de la muerte, la memoria.</p>
<p>Decimos “luz”, “tiempo”, “muerte”, “memoria” y las palabras nos suenan a algo pesado y al mismo tiempo informe, pero en los poemas de Segovia cobran sustancia y sentido, adquieren por fin significado.</p>
<p>Tomás Segovia habló durante dos horas de los instantes que sus poemas atrapan. Por ejemplo, de cómo, cuando se tiene un hijo, uno comprende por fin que el transcurrir del tiempo es real, que uno ha de renunciar definitivamente a muchas cosas, dejarlas pasar definitivamente.</p>
<p>Eso ha de explicar la pequeña crisis personal que he tenido estos días en que vivo una mezcla confusa entre la realización y la pérdida, entre la plenitud y el atisbo de la muerte.</p>
<p>Tengo casi la mitad de los años de Tomás Segovia, pero he tenido un hijo y estoy desde ese día del mismo lado de la vida que él: constatando el paso implacable del tiempo, la fragilidad de lo que amamos, mi propia fragilidad.</p>
<p>Es decir, que esta lectura me ha ahorrado también varias sesiones de psicoterapia.</p>
<p>Y ahora, uno de los poemas que escuché esta noche, y que están en el libro <em>Aluvial</em>, de Ediciones sin Nombre:</p>
<blockquote><p>Hubo un tiempo en que el tiempo nos trataba<br />
Como a las bienamadas criaturas<br />
Que él mismo había criado</p>
<p>De su vigor bebíamos<br />
En sus brazos rompíamos las puertas<br />
E íbamos a medirnos con la vida</p>
<p>Y a veces él en su soberanía<br />
Nos regalaba un gajo suyo<br />
Ponía a nuestros pies un trecho fiel de tiempo<br />
Donde dejar sembradas<br />
Como en un gran exilio iluminado<br />
Unas horas redondas como toda una vida</p>
<p>Y que ya para siempre seguirán nuestros pasos<br />
Como una bestia fiel<br />
Incapaz de volver a su manada</p></blockquote>
<p>Yo tuve hoy unas horas redondas como toda una vida. Así que me voy. Tal vez pronto vuelva a escribir un poema.</p>
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