La primera vez que los vi me llevé un susto tremendo. “¡Ay!, ¡sí era cierto!”, pensé, “¡El pueblo se cansa de tanta pinche transa!” Y es que la impresión que tuve durante esos segundos dramáticos fue de que por fin había ocurrido un estallido social encabezado por los derechohabientes del IMSS, un bombazo en las oficinas de Mexicana de Aviación, el derrumbe a manos de la turba de la estatua de alguno de nuestros próceres… en fin, algo imprevisto, violento y perturbador que justificara la presencia de unos doce policías armados sobre Xola, casi llegando a la esquina de Gabriel Mancera, un plácido martes citadino a las 8 de la noche.
Así de tremendista es el pensamiento humano.
“No”, me dije poco después, “seguro asaltaron los Laboratorios del Chopo, que están en la esquina, y por eso hay tanto alboroto”. Seguí mi camino, llegué a casa y olvidé el asunto… hasta el día siguiente, cuando vi que los polis seguían sobre la misma calle, parando coches a diestra y siniestra.
¿Qué buscaban con tanto afán esos guardianes del orden? Los observé con cuidado durante más de dos meses apostarse casi todas las noches sobre la misma calle, mirando a los automovilistas del carril derecho con suspicacia, irguiendo las panzas y seleccionando a quien pedirle que se orillara a la orilla indiscriminadamente, o tal vez como producto de algún método de selección más científico, quizá el clásico de tin marín de do pingué… Lo cierto es que a mí nunca me alcanzó el largo brazo de la ley y por lo tanto no puede averiguar a qué se debía el “operativo”, pero confieso que sí llegué a desear fervientemente que me dieran la oportunidad de increparlos a gusto y ofenderme como Dios manda, porque busquen lo que busquen, poco derecho tienen a molestar a la gente que conduce sufridamente a 10 kilómetros por hora a su casa luego de un arduo día de trabajo, así nomás porque se les da la gana.
Los miré feo a ver si me elegían entre el conjunto de mis conciudadanos, y nada. Los miré bonito, y menos. ¡Al contrario!, parecían asustarse de que alguien sobre este mundo redondo, sobre todo una belleza como yo, los mirara bonito. Así que desistí, segura de que me pasaría como cuando, a los 18, participé en un rally con mis amiguitos fresas de la Condesa y uno de los retos del juego consistía en “llevar a donde se posó un águila sobre un nopal, una infracción de tráfico”.
A todos nos constó un trabajo enorme superar semejante prueba porque no había polis que en esa época levantaran infracciones, puras mordidas, seguro para ahorrar papel. Así que muchos de mis amigos se saltaron los altos, otros circularon en sentido contrario, el chavo que conducía el coche de mi equipo anduvo a exceso de velocidad, y nada.
Por fin, luego de más de una hora de estar manejando como microbuseros, un poli nos paró: no hubo forma de que levantara la infracción y al final mi amigo le dio una mordida para que le diera por favorcito una boleta de infracción.
Pero yo, que soy una ciudadana modelo, jamás he tenido lío alguno con entes uniformados, y al final nunca pude saber si, como me contó una amiga hace poco, lo que esos buenos servidores públicos hacen entorpeciendo el tránsito noctuno es un “operativo sorpresa” para buscar ladrones de automóviles.
Los ladrones de automóviles seguro se enteraron hace 12 semanas y evitan con cuidado esa calle: los demás ciudadanos, como siempre, nos jodemos.
Qué bonito es el orden.
(Esta fue mi segunda colaboración de El Centro, en marzo de 2007. La calle ya no es la misma porque ahora hay Metrobús. Los polis son igualitos)
Los polis podran ser azules, beiges, tamarndos.Pero el gen, el cromosoma ÑÑ es recesivo, es resilente. Años de evolucion para lograr esas panza perfectas a base de dieta T, tacos, cemits y quecas. Gracias a los policarpios que nos recerudan que la patria es el cuerno de la abundancia. No son agentes del orden, son faunos que se alimentan con alegria. Son protodiosese baquicos. Una alabanza a la comida mexicana. Gracias a los polissaturados y sus bigotes y panzas. Viajo por el mundo y extraño a mis panzones!
No solo en la del Valle estan panzones, creo que es requisito de las corporaciones tener panza pa’ser poli! te falló la tactica, es que no los baririste, ni los miraste con cara de asco, o al menos hubieras dicho pendejo pero bien pronunciado de tal manera que lean tus labios, eso sí despacito porque rápido no leen, al menos los de Naucalpan si te paran eh!